lunes, octubre 10

Y llegó la hora de crecer…

Llegué a Concepción con con diez y nueve años y temblando de miedo, nunca se lo demostré a mis padres, es más, ellos desde ese momento comenzaron a creer en mi. Si ellos hubieran sabido el dolor que yo sentí al verlos perderse en el camino, dejándome en ese inmenso lugar. Si ellos y mis hermanas hubieran sabido que también lo hacía por superarme profesionalmente (ilusa de mi) para algún día poder serles de ayuda, si ellos hubieran podido escuchar el llanto que casi todas las noches visitaba mi cuarto, llanto provocado por las ganas locas de regresar a su lado... Y que no sé por qué pero desde ese momento yo tenía una seguridad rara de que ese sentimiento ya no se marcharía nunca... desde ese día estaba sola luchabdo con la soledad. Todo era nuevo para mi. Aunque recibí de mis padres las bases de la fe y valores me sentí insegura de poder alcanzar lo que ellos me pedían...tonto porque sólo querían que alcanzara mis metas...mis metas. Yo era libre, libre pero libre de qué? .....ese era e principio y el fin en principio a mi madurez y el fin de mi niñez esa que me permitía ser rebelde y que las caídas no importaban mucho porque mis padres estaban ahí.....ahora todo era diferente los días de lluvia , ya no estaría la mamita esperando con un sopa rica y con mis pantuflitas...yo estaba sola pensando como seguiría mi vida......